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El poder de los hábitos

Creo que les ponemos poca atención a los #hábitos que tenemos. Seguramente por el mismo hecho de ser hábitos que actúan por sí solos y hacen que seamos lo que somos. ¿Por qué lo hacemos? ¿Qué ganamos con ellos? ¿Son buenos o son malos? Muchas interrogantes nos podemos encontrar con respecto al tema.

Hace muchos años, en un taller en el cual participaba, nos hicieron escribir los hábitos que podíamos identificar que tendemos a hacer desde que nos levantamos hasta que volvemos a la cama para dormir. Cuáles son los hábitos que tenemos al manejar, al comer, en el trabajo, al hacer deporte. En fin, en todas las actividades de nuestra vida los hábitos están presentes y dirigen nuestra forma de actuar y de responder a todos los estímulos externos que se presentan, de manera consciente o inconsciente, la mayoría de ellos.


En esa lista que podemos escribir de los hábitos que podemos encontrar, preguntémonos porque los hacemos. A veces las respuestas son obvias y racionales. En otras ocasiones, tenemos que hacer memoria y encontrar una razón para que ese hábito exista. La mayoría de veces se crearon porque en algún momento de la vida nos era útil y valioso o necesarios. Luego la necesidad caducó y nos quedamos con el comportamiento, aunque ahora no nos genere ningún valor. En otros casos, tenemos esa forma determinada de actuar, sin que sepamos por qué y que nos genera incomodidad o consecuencias negativas en nuestras relaciones.


He podido leer bastante sobre hábitos, el mejor libro que he encontrado es “Hábitos Atómicos”, de James Clear. Compartiremos algunos conceptos del libro aquí. La recomendación es leerlo. En el libro sugiere hacer un ejercicio parecido al que mencioné, con una variación fundamental.

En cada uno de los hábitos identificados pon un (+) en aquellos que agregan valor en la productividad, conocimiento y relaciones. Por ejemplo, al iniciar el día hago mi oración poniendo por delante los desafíos del día, identificando los momentos difíciles que se pueden presentar, doy gracias por las oportunidades que el día ofrece, identificó las decisiones que debo tomar y pido sabiduría. Eso me ayuda a poner enfoque en el día a venir, me compromete con los resultados y me ayuda a decidir un camino de bien. Estos los sigo promoviendo e incluso puedo pensar en cómo mejorarlos.


En los hábitos que me restan, que son aquellos que me estresan, me generan malos sentimientos y molestía, les pongo un (-). Por ejemplo, el conducir a la defensiva, apresurado, peleón con los que se cruzan y se meten irrespetando al resto. A veces me dañan el día, el ánimo. Con estos tengo que tomar acciones, controlarlos, eliminarlos o cambiarlos por una respuesta que genere un efecto contrario, como saludar a los de los carros que me sacan de mi ser.


Por último, identifico aquellos que son necesarios, higiénicos. Cómo lavarse los dientes.


La productividad laboral se da cuando damos un paso adicional de mejora sobre una tarea determinada y la repetimos permanentemente, hasta que el nuevo hábito reemplaza al anterior. La clave no es enfocarse en hacer cambios radicales, aunque a veces es necesario, sino hacer pequeños cambios que a lo largo del tiempo generan resultados importantes. Si cada vez seguimos haciendo incrementos en esos hábitos podemos llegar a la maestría. A la vez podemos tener otro beneficio, al automatizar esa mejora que nos liberó de tiempo por ser más productivo la podemos invertir en algo adicional que antes no encontrábamos el cómo.


Es una labor compleja cambiar hábitos, están atados a creencias que las sostienen. Crearlos toma persistencia y paciencia. Antony Robbins dice que la madre del aprendizaje es la repetición y eso necesitan los nuevos hábitos. Erradicar un mal hábito es aún más complejo pero requiere de la misma receta, repetición y valorar los nuevos resultados. Complejo sí, imposible no.


Es importante después de hacer la lista valorada de hábitos definir objetivos claves y estrategias para alcanzarlos. Hay que mantener una actitud positiva, equilibrada y consciente sobre los objetivos y estrategias. Los extremos son siempre nefastos. El exceso de entusiasmo suele perder energía en el tiempo si no es clara y se sostiene en resultados y avances cortos y tangibles. Una fijación obsesiva en los objetivos puede posponer la felicidad y crear frustración. El disfrutar en viaje es lo que hace memorable y lograr el deseo de mantenerse. Tener estrategias flexibles es muchas veces la clave. No se trata de ganarle al objetivo, sino de convertirse en un campeón en permanente transformación y mejora.


En un próximo artículo del blog, no hablaremos de lo que queremos cambiar sino porque lo queremos cambiar y las dimensiones internas para hacerlo.


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