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Jesús, el Buen Pastor: un modelo profundo de liderazgo


Durante siglos, la figura de Jesucristo ha sido comprendida desde la fe, la espiritualidad y la teología. Pero si observamos su actuar con ojos de liderazgo, aparece también un modelo extraordinariamente moderno de conducción humana.


Uno de los símbolos más poderosos que utilizó fue el del Buen Pastor.

No es una metáfora casual. Es una descripción precisa de cómo liderar personas.

El pastor no dirige desde un escritorio. Camina con su rebaño.

Y en ese caminar adopta distintas posiciones según lo que la comunidad necesita.


A veces el líder camina adelante

Hay momentos en los que el pastor va al frente.

Abre camino. Explora el terreno. Marca la dirección.

El liderazgo requiere visión. Alguien debe tener el coraje de mirar más lejos que el resto.

Cuando el líder camina adelante:

  • define el rumbo

  • inspira esperanza

  • muestra que el camino es posible

Pero caminar adelante no significa dominar. Significa servir al propósito del grupo.

El líder abre camino para que otros puedan avanzar.


Otras veces el líder camina atrás

Un buen pastor sabe algo esencial: no todos avanzan al mismo ritmo.

Por eso, muchas veces camina al final del grupo.

Ahí donde van los cansados. Los que dudan. Los que sienten miedo.

Desde atrás el líder:

  • acompaña

  • anima

  • sostiene

  • protege

Es el lugar del cuidado.

Un liderazgo verdaderamente humano se mide no por la velocidad de los primeros, sino por la capacidad de no abandonar a los últimos.


Y muchas veces camina en medio

La mayor parte del tiempo el pastor camina entre las parsonas, con el equipo..

Ni demasiado adelante. Ni demasiado atrás.

En medio.

Ahí ocurre el verdadero liderazgo cotidiano.

Conversaciones.Correcciones. Aprendizaje. Ejemplo.

El líder:

  • escucha

  • orienta

  • corrige con respeto

  • enseña con humildad

Es presencia viva.

No dirige desde la distancia.

Construye cultura desde la cercanía.


Liderar es presencia

Lo más impresionante del liderazgo de Jesús no fue su autoridad.

Fue su presencia humana.

Veía a cada persona. Escuchaba. Hablaba con individuos y con multitudes.

Reía. Enseñaba. Corregía. Amaba.

En un mismo día podía:

  • conversar con una persona marginada

  • enseñar a sus discípulos

  • hablar a miles

Ese liderazgo generaba algo profundo: confianza.

Porque la gente no solo seguía sus palabras. Seguía su ejemplo.


El liderazgo que el mundo necesita

Hoy muchas organizaciones están llenas de líderes que solo caminan adelante.

Definen estrategias.

Exigen resultados.

Marcan el ritmo.

Pero olvidan caminar atrás y acompañar.

Y olvidan caminar en medio y escuchar.

El modelo del Buen Pastor nos recuerda algo esencial:

El liderazgo no es una posición.

Es una forma de relacionarse con las personas.


A veces lideramos desde la visión. A veces desde el cuidado. Y muchas veces desde la presencia cotidiana.


El verdadero líder sabe moverse entre esos tres lugares.

Porque su propósito no es avanzar solo.

Es llegar juntos.


Diego Román L.

Coach, Facilitador de Liderazgo

Fundador de Influenser

"El éxito está en ti, lidérate"

 
 
 

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