La Ventana de Overton
- Diego Román L.

- 22 feb
- 2 Min. de lectura

Cuando el otro baja el estándar… y tú también
Hay algo incómodo que me pasó recientemente.
En un espacio al que asisto con frecuencia, la persona que lidera suele llegar tarde.
10, 15, a veces 20 minutos.
Al inicio me molestaba. Lo veía como una falta de respeto.
Me incomodaba la incoherencia entre el rol de liderazgo y el comportamiento.
Pero con el tiempo ocurrió algo más sutil.
Empecé a llegar tarde yo también.
No lo decidí de manera consciente. Simplemente ajusté mi hora de llegada porque “sé que siempre empiezan tarde”.
Y ahí está lo interesante.
Sin darme cuenta, bajé mi estándar.
La reacción automática
Un día llegué 10 minutos tarde.
Y el encuentro ya había comenzado.
Mi incomodidad fue inmediata.
La justificación también:
“Normalmente empiezan tarde.”
“No es mi culpa.”
“Así funciona aquí.”
Pero la verdad era más simple y más incómoda.
Yo había decidido llegar tarde.
No fue el tráfico. No fue el entorno. No fue la cultura.
Fue mi decisión de adaptar mi estándar al promedio.
La Ventana de Overton en acción
La Ventana de Overton explica cómo lo inaceptable se vuelve aceptable cuando se repite lo suficiente.
Primero incomoda.
Luego se tolera.
Después se normaliza.
Finalmente se defiende.
Lo que antes criticaba, lo terminé imitando.
Y ese es el punto ciego.
No fue el comportamiento del otro lo que me cambió. Fue mi disposición a mover mi propio estándar.
Responsabilidad incondicional
Aquí está el aprendizaje.
La falta de coherencia del otro no justifica la mía.
Es fácil sostener disciplina cuando el entorno lo hace. Lo difícil es mantener tu estándar cuando el entorno no lo sostiene.
Ahí aparece la responsabilidad incondicional.
Ser consciente de mis actos, independientemente de los actos de los demás.
No usar la cultura como excusa. No usar la incoherencia del otro como permiso.
El liderazgo empieza ahí
En las organizaciones pasa lo mismo:
“Si el jefe llega tarde, yo también.”
“Si el cliente no cumple, yo bajo el nivel.”
“Si el equipo no se compromete, yo me protejo.”
La ventana se mueve.
Y lo que antes era incumplimiento termina llamándose cultura.
Pero la cultura no es destino. Es acumulación de decisiones individuales repetidas.
La pregunta es:
¿Estoy modelando el estándar que quiero ver…o estoy reaccionando al estándar promedio?
Porque liderazgo no es exigir coherencia al otro.
Es practicarla primero.
Diego Román L.
Coach, Facilitador de Liderazgo
Fundador de Influenser
"El éxito está en ti, lidérate".



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